Dos platos de frutas y verduras, tres litros de agua al día, no consumir azúcar, evitar la sal, olvidarme del café, leche deslactosada-descremada, cero harinas, grasas saturadas ni mencionarlas, cero embutidos, nada de semillas, ni refrescos y adiós al chile.
Así empecé mis treinta años, que chido, no? Pero que decir del cigarro, alcohol y drogas ilegales; esas me dijo el médico que las olvide.
O sea, ¿en qué me voy a entretener? Si me dedico a cosas que me gustaban, tendría que convivir con chavitos de 18 años. Si comparto el ambiente con la gente de mi generación es la fiesta, el alcohol y drogas, entonces ¿qué me queda?
Hablar de edades es algo que molesta, solo es para quejarte y nada más afecta únicamente a las mujeres, pero la neta no eso no es cierto. Sí algo me reclama los desmanes, las desveladas, lo excesos de comidas y sobre todo el sedentarismo es el cuerpo.
Tanto hombres y mujeres viven en excesos de todo tipo llámese fiestas, películas nocturnas, alcohol, drogas, acostones sin compromiso, deportes extremos, etc.
La idea de pertenecer aun grupo, el querer ser aceptado nos hace convivir con nuestros semejantes.
Por fin te identificas, ese grupo de amigos, casi hermanos y... ¿por qué no? Hasta nuestra segunda familia comienza a segmentarse.
El grupo de amigos deja de frecuentarse porque las obligaciones del deber ser o tal vez del ser, llegan a un punto donde las parrandas ya se vuelven un gasto más que un momento de esparcimiento.
Sin embargo uno continua disfrutando todas esas cosas que te identifican como joven, más aún cuando te aferras a la idea de seguir un ritmo de vida donde el alcohol, la vida nocturna y el sexo ocasional son los elementos claves.
Ahora que cumplo 31 años de edad, de aqui en adelante tendré que mejorar mi nivel de vida. ¡¡¡Que Jodidez!!!, jajajaja. Espero muchas felicitaciones queridos lectores. Hasta la próxima.