Cierta tarde en el microbús, mi mente estaba distante en cómo acomodar mis responsabilidades, y aparecieron un par de señores, ya más que cuarentones.
Hablaban de sus planes para irse a bailar con "La Carmela" y con "La Dalila". De pronto su mirada los llevó a la vieja, inaccesible y clausurada estación de ferrocarriles de Buenavista en el D.F.
Vaya! Al escucharlos me imaginé sus vivencias donde uno de ellos comento: "No hace mucho podías escapar de la ciudad de México. Tomabas tu tren y te ibas que a Veracruz, Guadalajara, Querétaro, aún chingo de lados. El pasaje del tren nunca fue caro, era bien vara". Dijo aquél señor al ver la entrada vacía y sin vida de la central ferrocarrilera.
Ahora el ferrocarril ya no nos pertenece, se vendió. En verdad era un espacio territorial que se dejó marcar por sus rutas. Como venas en el cuerpo del país, fue la mejor la fuente de comunicaciones es toda la República Mexicana, la historia de nuestra Revolución está entre sus vías.
Hace años... cuando vivía en la colonia 7 de noviembre por la delegación Gustavo A. Madero, pasaba todos los días el tren, en la calle de Ferrocarril Industrial.
Cada aniversario de la colonia nos llevaban hacer un largo recurrido por la ciudad de México a los cuatro puntos cardinales.
Sí, tuve el gusto de viajar en vagón de pasajeros de primera y segunda clase, correr para subirme a las escaleras de los cargueros. Jugar al equilibrista cuando caminada sobre sus largas y platinadas vías.
Ahí están en mi mente las infinitas extensiones de vagones...
Como mi mano le decía a Adiós al locomotorista, él contestaba con una gran sonrisa, su mano agitándose y el ruidoso silbato.
En fin queridos lectores, son parte de mis recuerdos que provocó el estar de metiche escuchando una charla ajena, de unos señores que se fueron a bailar con "La Carmela y "La Dalia".
Hasta la próxima.